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martes, 19 de enero de 2016

Fiesta de San Sebastián

LAS FLECHAS DE SAN SEBASTIÁN.

Estampa antigua de S. Sebastián
Este 20 de enero, las campanas de la Iglesia Mayor de Santa María Magdalena repicarán jubilosamente, el pueblo celebra la festividad de San Sebastián, una de sus conmemoraciones primigenias con más de 500 años de antigüedad que enraíza desde la Edad Media, hasta el punto de levantar una ermita, a finales del siglo XV, en honor del Santo mártir romano a extramuros de la ciudad en el viejo camino de Canara.

Ruinas Ermita S. Sebastán
La historia del mártir de Narbona nos relata que era hijo de familia militar y noble, llegó a ser capitán de la guardia pretoriana de Roma. Era respetado por todos y apreciado por el emperador, que desconocía su condición de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, aunque sin participar en los sacrificios idolátricos. Y como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los encarcelados por causa de Cristo. Esta ambigua situación no podía durar y fue denunciado al emperador Maximino quien obligó a Sebastián a elegir entre ser un buen soldado o seguir a Jesucristo. El santo escogió la milicia, pero de Cristo. Menospreciado, el emperador le amenazó de muerte, pero Sebastián se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado: los soldados lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste —hay otra versión: que fue atado a un naranjo—  y los sagitarios lanzaron sobre él una lluvia de flechas y lo dieron por muerto.

Imagen del santo
No obstante, sus amigos escondidos al acecho, se acercaron, y al verlo aun con aliento, lo trasladaron a casa de una noble cristiana, llamada Irene, que lo mantuvo oculto en su casa y le curó las heridas hasta su restablecimiento.
Sus compañeros le aconsejaron que huyera de Roma, pero el santo se negó categóricamente y se presentó ante el emperador reprochándole con energía su feroz conducta hacia los cristianos. Maximino, desconcertado ante quien daba por muerto, mandó que lo azotaran hasta morir y tiraran su cuerpo a un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.
La figura del primer martirio de San Sebastián, llamado el Apolo cristiano, fue uno de los temas favoritos de los pintores y escultores del Renacimiento por su dramatismo y por la oportunidad de ofrecer una imagen del desnudo masculino que con frecuencia se le representa con el pecho asaeteado y sangrante. Andrea Mantegna, El Greco y Berruguete son preclaros ejemplos.

Pintura de El Greco.
También en la música los compositores han creado numerosas obras, como Debussy en su música incidental para “El martirio de San Sebastián”.
Lo cierto es que influenciados por la huella de los Templarios y Santiaguistas de nuevo, por enésima vez, se avecina el primero de los festejos locales: el glorioso San Sebastián, patrón de las jóvenes casaderas y protector contra los vientos inclementes y las atroces epidemias. Se dice que el año que no se ha festejado al señor Sebastián, hemos sufrido algún temible huracán que ha hecho volar por los aires cehegineros los aleros y tejas, incluso alguna chimenea decrépita.
Gracias a numerosos amigos del Casco Antiguo ceheginero, desde las últimas décadas, se van rescatando las tradiciones de siglos atrás, que se van añadiendo a la nómina de celebraciones recordando la figura del santo-soldado romano y sus variopintas representaciones historiográficas:

"Las pavesas llegan al cielo..."
Los populares “castillos” del fuego purificador –y me reitero una vez más-, “cuyas pavesas llegan al cielo ceheginero”…-;  La acostumbrada “gira” de voluntarios para recolectar la leña; y los manjares tradicionales; guisados a la fría intemperie junto al amor de la gran hoguera ¡¡Y abundante vino de la tierra ‘a norre’…!!
Otra conmemoración que parece haber arraigado es el cortejo de antorchas de la Hueste Antigua, que acompaña al fuego catártico recogido después de las invocaciones, desde las ruinas de la Ermita del Santo hasta la Plaza Mayor, para ser prendido en el ‘Gran Castillo’: “Glorioso San Sebastián, danos fuerzas, / ligeros las antorchas subiremos, / llamas que prenderán las pavesas / alrededor del castillo marcharemos.”


Invocación.
Las primeras referencias escritas sobre estas antiguas romerías datan del siglo XIII, pero la denominación era la de “hueste antigua” con sus connotaciones mitológicas.

Cortejo de la Hueste Antigua Sebastianista.
No obstante, la llegada del Romanticismo, a partir del siglo XIX, época de fantasías y ensoñaciones, inunda de relatos quiméricos y de testimonios sobre estas manifestaciones a la sociedad española, hasta entonces anclada en el pasado.

Baile y canto de las cuadrillas de animeros.
Y finalmente la jubilosa procesión, paseando al Santo al son de las cuadrillas de animeros hasta la plaza del Mesoncico, donde se celebrará la eucaristía, con la bendición de las naranjas y las dulces flechas, (aportación profana, ya enraizada en la evocación), que serán repartidas entre los asistentes regadas con mistela para mitigar el frío mañanero.

Flechas del Santo.

Procesión con el Santo.
Todo ello presidido por el Maestro de Ceremonias y el Mayordomo de la Hueste Sebastianista. Los cuales serán relevados de sus respectivos cargos, esa tarde en una ceremonia protocolaria que se celebrará en los salones del Casino, con el nombramiento del Maestro Mayor y el Mayordomo para el próximo año.
De esta forma, el honorable Sebastián, como cada año, aparece en la escena mágica de nuestro Casco Antiguo abatiendo  los malos augurios con el ancestral fuego  purificador.

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