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domingo, 12 de noviembre de 2017

PEÑA RUBIA Y SUS CUEVAS - CEHEGIN-

LAS CUEVAS DE LA PEÑARRUBIA

Vista de Cehegín, al fondo Peña Rubia la Montaña Sagrada.
Peña Rubia en Cehegín es una gran montaña caliza jurásica que, aunque despoblada totalmente de árboles, alberga una interesante vegetación de hierbas y arbustos. Entre ellos la Sabina Mora, Aladierno y la Cornicabra.
Se trata del pico más carismático de Cehegín y también es conocida como la “Montaña Sagrada”. En ella se encuentran los primeros restos de presencia humana que se conocen del municipio, del periodo Eneolítico.
Como todos sabemos, por boca de nuestros progenitores y posteriormente por nuestros propios lances juveniles, nuestra Peña Rubia, posee suficientes misterios y atractivos espeleológicos para narrar numerosas aventuras.


Vista de Cehegín desde la Cueva Larga
La Cueva Larga  siempre ha sido objeto de fábulas que aseguraban sus características de refugio de los pastores y el ganado en caso de tormentas o algún peligro de ataque de lobos. Otras cuevas se dispersan por los frontis de esta fenomenal montaña sagrada, cobijo de fugitivos, y de aquellos hombres prehistóricos que aun no habían descubierto la agricultura y el verdor de los valles.

Peña Rubia (desde la Vía Verde)
Aunque hoy aparece muy cerca del comienzo una entrada a una de las cuevas, -¿la del humo?- en los años sesenta sólo por el legendario callejón se escalaba hasta la entrada de la famosa cueva de los Siete Pisos, previamente había que cruzar el temible precipicio por un peligrosa cornisa arrastrando los pies cuidadosamente, hasta llegar a la cima, donde unos intrépidos jovenzuelos, pertrechados de cuerdas y otros menesteres, se introducían reptando hasta llegar a la primera sala, para descolgarse con la cuerda a las diferentes estancias, que eran decoradas por bellas formas de estalactitas y estalagmitas, el silencio era proverbial y sólo se escuchaba un extraño rumor que luego se descubrió era de una corriente de agua subterránea que discurría por el fondo de las grutas. Innumerables objetos –hachas, flechas, utensilios, cuencos,- y huesos –tibias, cráneos- se fueron recolectando, poco a poco, y subiéndolos cuidadosamente en sacos hasta la superficie
Pero el gran descubrimiento fue cuando llegaron a la cueva de las Palomas y ¡sorpresa! al encender una vela se perfilaron varios dibujos de figuras humanas cazando animales prehistóricos.

Pinturas rupestres de Peña Rubia (Escena de Caza)
"La Cueva de las Conchas" se sitúa en la ladera Noreste de Peña Rubia. Su puerta, protegida mediante reja, da acceso a una boca ligeramente inclinada que nos introduce en un largo corredor de unos 22 m. de longitud, con una anchura máxima de tan solo 1'70 m., en tanto que la altura llega a tener un desnivel máximo de 29 m. a consecuencia de la diaclasa. Esta cueva tiene una composición formada por un grupo de cuatro figuras, de las cuales tres son humanas, dos de ellas portando arcos y la otra con una jabalina, frente a ellas existe un animal de cuatro patas de difícil interpretación, aunque lo que esta bien resaltado es su vientre muy abultado.



Esta Cueva posee documentados numerosos materiales líticos como láminas, y laminitas, puntas de flecha, sobretodo romboidales, pero también de otros tipos sin señales de uso, fragmentos de cerámica de cordones, materiales óseos trabajados, etc. Además de restos humanos procedentes de las inhumaciones que se practicaron en ella.
Todo lo descubierto se fue guardando en unas arcas situadas en la bodega de una pastelería de la ‘república’ del Mesoncico, donde permanecieron varios años, hasta que fueron incautados para el museo arqueológico de Murcia.

Año después, todo ello dio lugar a una gran polémica que ponía en duda la autenticidad del sorprendente descubrimiento. El inicio de la década de los 80 va a estar marcada, en cierto modo, por aquella  discusión suscitada sobre la autenticidad y edad prehistórica de las pinturas de la Peña Rubia. Hasta la fecha, la existencia de estas pinturas era conocida fundamentalmente por el restringido mundo científico interesado en el tema, pero su publicación a un nivel más general en 1983 ocasionará una controversia importante cuando un pintor local afirme ser el autor de las mismas. El conflicto será de tal trascendencia que alcanzará incluso eco nacional, ocupando destacados espacios tanto en prensa como en televisión.
Al parecer, meses después, la realización de estudios de diversa índole zanjará la cuestión. En 1988, A. Beltrán y M. San Nicolás publican un amplio trabajo en el que se recopila todo el material de documentación elaborado, incluyendo además en el informe un completo estudio de las pinturas, con abundante material gráfico, y en el que se ratifica en todo momento la edad prehistórica de las pictografías.


Peña Rubia (Pontón bajo la Vía Verde)
Por otro lado, el debate planteado también tuvo su lado positivo, ya que supuso una ocasión inmejorable para la realización, por vez primera, en un conjunto de arte rupestre de Murcia, de un completo estudio técnico del pigmento.
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