Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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lunes, 3 de abril de 2017

DON ALFONSO CASTELLANOS (SEÑOR DE CEHEGíN)

 Alfonso Castellanos (El señor de Cehegín)


Aquí tenemos a Don Alfonso Álvarez Castellanos y López uno de los protagonistas en la segunda mitad del siglo XIX ceheginero del mundo de la política y economía local. Era hijo de don Francisco Álvarez-Castellanos y Carreño y de doña María Isabel López Martínez-Gil, nacido un 14 de abril de 1809 y fallecido el 12 de febrero de 1894.
Don Alfonso fue Abogado de los Tribunales Nacionales, Secretario Honorario de la Reina Isabel II, Maestrante de Ronda y alcalde de Cehegin. La reina quiso otorgarle un título con el nombre de "El Campico" de Cehegín, pero Castellanos renunció al mismo: "Yo solo deseo ser un ceheginero amigo de mis conciudadanos", así contestó a su majestad. Gozó de gran amistad con el ilustre político Antonio Cánovas del Castillo, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, ya hemos contado en otras ocasiones la popular anécdota del Puente de Hierro: Castellanos regresaba de su acostumbrada temporada en los Baños de Mula y se encontró con una gran riada en el río Quípar, que le impidió vadear el torrente y llegar a Cehegín. Según cuentan, a la mañana siguiente mandó a su mayoral a Madrid: -"Esta noche te vas en el correo a Madrid, y vas a tal sitio de mi parte, y le dices a don Antonio Cánovas del Castillo que es necesario y urgente la construcción de un puente sobre el río Quípar a la entrada de Cehegín". (Hay que observar que Castellanos no era amigo de recados por escrito). Ni que decir tiene que las obras, del hoy olvidado Puente de Hierro, no tardaron en comenzar.

Puente de Hierro.
Ostentó la alcaldía de Cehegín en dos etapas, desde primeros de abril de 1844 hasta el 2 de enero de 1846, y en desde el periodo de enero de 1848 y 1 de enero de 1852.
En este primer mandato, una de las cuestiones a nivel local más peliagudas fue la intención, por orden del Comisario Especial de Ventas, de poner a la venta el Convento de san Esteban, cobijo de nuestra patrona la Virgen de las Maravillas, a lo que se opuso frontalmente el alcalde Castellanos.
No lo consideremos un vulgar cacique de pueblo, ¡ni mucho menos!..., enemigo de las injusticias, don Alfonso fue hombre generoso, se cuentan numerosas anécdotas, subrayando un buen talante con sus subordinados a los que ayudaba cada ocasión que era menester en las enfermedades o por cualquier otro motivo. Consideremos que no eran aun tiempos de reivindicaciones sociales y cualquier gesto del señor era un rasgo de benevolencia hacia sus criados.
Hay un relato de la imprecisa tradición oral, bastante curioso: se dirigía don Alfonso hacia Cehegín desde la pedanía de la Almudema, cabalgando sobre su caballo cuando le hizo el alto un individuo, mal encarado, demacrado y armado con una gruesa faca y le aprestó muy alterado y con poca convicción:—“don Alfonso, deme usted todo cuanto lleve encima…” — el prócer, echó mano al bolsillo… y  apuntó con un pequeño revolver al desgraciado y le dijo:  Sé quien eres…, no te da vergüenza, andar por estos caminos asaltando a la gente. —el pobre hombre balbució: “Perdone señor, no me mate, estoy sin trabajo, mis hijos no tienen qué comer y mi mujer la tengo enferma…” — don Alfonso, observando sinceridad en los afligidos ojos de aquel hombre, alargó su mano con un puñado de monedas y le dijo: — Toma estos cuartos y compra comida y lo más apremiante, y mañana te quiero ver en mi casa de Cehegín a tal hora. — el hombre, se despojó de su gorra y con una reverencia, se marchó presto, ¡¡y pasmado‼…Como es obvio, al día siguiente se presentó en casa del noble, pensando que lo iban a reprender. Cuál fue su sorpresa cuando don Alfonso le dijo: — “Si me prometes trabajar honradamente, desde hoy, entras a mi servicio en la finca del Campico y no te faltará la comida y algunas pesetas, ¡ah!, y ahora mismo vas a ir al médico en mi nombre para que remedie a tu esposa.”—  Una historia con algún tinte de fábula, aunque pudo ser cierta… ¿no creéis…? Y es que así era Castellanos.
Otra anécdota cuenta que en una ocasión uno de los colonos de su finca disparó fortuitamente contra otro, e inmediatamente fue detenido por la Guardia Civil. Ante el empecinamiento del juez por condenarlo, don Alfonso tuvo un duro enfrentamiento con el magistrado por defender a su empleado. El asunto llegó a tal extremo que a los poco días el juez fue trasladado a la Coruña, y posteriormente a las Canarias (tal era la influencia de don Alfonso en las altas instancias del Estado) y luego entregó unas dádivas a la infortunada viuda del fallecido.
Hombre de buen yantar…, orondo y bonachón. Le encantaban las ‘Perdices en escabeche’, que le solía cocinar una señora llamada ‘La Mata’ y que él pregonaba como lo mejor que había degustado jamás (y mira que había comido en grandes restaurantes).

CASA-PALACIO DE Dª BLANCA
Opulento hacendado, llegó a disponer de un patrimonio de valor incalculable.
Su residencia habitual estaba al final de la Cuesta del Parador, y calle López Chicheri, donde el espléndido torreón parte en dos ambas vías, en el palacio conocido como de ‘doña Blanca’ donde daba el sol de poniente y podía contemplar el hermoso paisaje del río Argos y la vecina Caravaca. (De ahí el nombre de “Poyos de Castellanos”, a la pequeña subida, justo enfrente de la puerta principal de esa Casa-Palacio).
El edificio que hoy ocupa el Juzgado Municipal y Registro Civil, en la calle Esparteros, fue la casa de sus padres y residencia en su niñez y juventud, pasando luego a su propiedad. Aunque también fue propietario del palacio del Marqués de San Mamés –hoy casino de Cehegín-. Además de innumerables fincas rústicas y otros bienes.

PALACIO DE CASTELLANOS
El 12 de febrero de 1894, en plena Cuaresma, un luctuoso evento enmudece al Mesoncico: ha fallecido el «Señor de Cehegín», don Alfonso Álvarez-Castellanos y López. Las campanas de todos los templos de Cehegín, y así mismo los de Cieza, Caravaca, Mula, Bullas, Vélez Blanco, María, Orce, y Ricote; las espadañas de las ermitas de la huerta; de los oratorios de las múltiples haciendas, todas ellas, no cesan de doblar sus lamentos a los cuatro vientos por el alma del prócer Castellanos.
Se han recibido telegramas de pésame de muchos lugares y en especial de Cánovas del Castillo, presidente del gobierno, del obispo ceheginero Caparrós, del Cardenal Benavides, arzobispo de Zaragoza, y otros ilustres personajes de la Política, la Cultura y la Economía. La corporación municipal, y todo el Clero asisten al sepelio, los franciscanos, los terciarios, los estandartes, las cofradías, los grandes del Partido, los otros políticos, los artesanos, los arrendatarios, aparceros, jornaleros,… y naturalmente los pobres, que bendicen el nombre del difunto patrono, pues ha legado cien duros para que sean distribuidos, a razón de diez reales y una vela por cabeza. Don Alfonso, ha sido amortajado, según su voluntad, con ropa de calle, además le han ‘acicalado’ por última vez con su túnica morada de Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Sin embargo, según su deseo, sus restos yacen en un modesto nicho del Camposanto de Cehegín, junto a sus estimados conciudadanos.
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