Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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domingo, 27 de enero de 2019

GEOMETRÍA DE LA NATURALEZA


Observando el mundo

 (LA GEOMETRÍA DE LA NATURALEZA)


Si observamos nuestro entorno podemos comprobar que todo cuanto ha creado la naturaleza posee formas curvas o redondas.
Hasta el infinito universo podemos catalogarle como centrífugo y redondeado. Cualquier fruto es curvo, nunca veremos una hortaliza, un ser nacido de la madre tierra con formas angulares.
Es, la geometría de la naturaleza.

¿Alguna vez hemos contemplado un animal que posea cabeza cuadrada…? –sólo los empecinados, aunque evidentemente en metáfora-. ¿Y un pez que parezca un pentágono…? Un tronco, una caña, un tallo…, todo es elíptico. ¿Por qué el huevo es ovalado? ¿Y el vientre…? Los ojos, ¿no podrían ser cuadrados…? ¿Y las orejas o el ombligo, por qué redondeados...? Dos gotas de agua.


Si continuamos observando veremos que todo lo cuadrado o simétrico lo hemos creado los hombres; esas monumentales jaulas rectangulares donde moramos, un cajón, una cama, hasta la primera rueda se hizo cuadrada, pero la razón nos enseño que debía ser redonda si queríamos que girase.
Cuando algún atrevido ha creado un edificio de formas esféricas o elípticas, no ha faltado tiempo para tacharlo de loco y excéntrico; como si fuese locura intentar imitar al Creador de todas las cosas. Es más sencillo secundar las amorfas ideas de los pragmáticos, diseñando engendros geométricos lineales análogos que sólo esperan recibir abundantes beneficios en detrimento del arte y el fuste de donde fuimos creados.


Y es que el hombre se cree algunas veces el rey del universo, por esas pequeñas conquistas que ha logrado a lo largo de los siglos y olvida que pertenece a un humilde microcosmos, a un pequeñísimo hormiguero, que en comparación con el universo es infinitamente más microscópico que cualquier cosa imaginada. Un simple soplo inclemente de las alturas puede acabar en segundos con nuestra vanidosa especie. Y en cambio somos tan egoístas que nos comemos unos a otros por imponer nuestro seudo-poderío sin siquiera reflexionar que todo es polvo y ceniza.
No advertimos que por mucho que pisoteemos la hierba, como nuevos atilas, en la próxima primavera renacerá y con más fuerza. Esa es la suerte que disfrutamos, si no, todo habría reventado ya como un nuevo caos.
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