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viernes, 11 de enero de 2019

LA INDUSTRIA ALPARGATERA


LA INDUSTRIA ALPARGATERA Y SUS CURIOSIDADES.

El Afores y otros, cosiendo suelas en la pl. Vieja.
“Entre copa y copa…” cantaba Pedro Infante. Con canciones de esta naturaleza, solían solazar las largas horas sentados en el banco de coser suelas los alpargateros cehegineros por aquellas concurridas plazoletas de nuestro casco antiguo. Sentidas melodías tan en boga a la sazón. Y cuando pasaba alguna zagala en la flor de la vida, repiqueteaban con el chamarí como si avisaran que llegaba la caballería.


En nuestro viejo lenguaje autóctono, se solía escuchar diálogos relacionados con el alpargate como: "Juanico, como no termines los deberes te voy a dar un apargatazo en el culo..." También se criticaba cierto casorrio de la hija de un ricachón: Vaya braguetazo que ha pegado Juanito; es que el suegro está bien “Apargatao”. Así mismo se suelen decir sobre un moribundo: "Este lleva los últimos apargates".



Del 'Apargate' de cara corta de Cehegín, hecho sin tela, y que se asegura con cintas, se alude: “¡Eres más serio que un apargate de cara corta…!”-  Y estas coplas se cantaban sobre la eclosión de las fábricas de conservas: "Tengo que dar unos  toques / puniendo de escaparate / diez frabicas de abercoques y una sola de apargates." Y sobre los Alpargateros: "Todos los apargateros /son unos tiralevitas / que si quieren almorzar / tienen que vender la guita. / No te cases, vida mía / con ningún apargatero, / que te cuentan las alubias / que pones en el puchero."              
Apilando y transportando "gavillas" en la era.
En esta ocasión vamos a comentar, algunos aspectos de la industria del cáñamo, que en otros tiempos fue el eje económico, no solo de nuestro pueblo, sino también de la comarca del Noroeste. La tradición oral nos ofrece datos concluyentes y nos lleva a pensar que los primeros pobladores cristianos de nuestra comarca ya incluyesen entre sus principales faenas la utilización de esta planta con fines textiles. Según nos informa el archivero municipal ya en el siglo XVI aparecen referencias a la fabricaron de alpargatas. y tanto el tan nombrado Ambel como el P. Ortega (siglos XVII y XVIII, respectivamente) anotan la abundancia de cáñamo: “…en el campo y huerta de Cehegín se cosecha trigo, cebada, panizo, aceite y seda, muchísimo vino y abundante cáñamo.” El siglo XVIII va ocasionar el apogeo económico y social de Cehegín debido al auge del cultivo del cáñamo y su transformación. Lo cual fue determinante debido a las necesidades de la marina de guerra española, cuerdas y jarcias para los barcos…, etc. Pero el verdadero florecimiento del sector alpargatero se produce en el siglo XX y uno de los motivos es la adopción de la alpargata como calzado de campaña del ejército. Ello, influido por nuestra neutralidad en la I Guerra Mundial y la entrada en el conflicto de los principales países productores del cáñamo. Ante la competencia, se crean en Cehegín varias empresas y cooperativas para defender los intereses comunes como “La Redentora” o “El Porvenir”. 
La postguerra española marcará el último periodo de esplendor de la industria alpargatera. La aplicación de la fibra sintética y la goma vulcanizada en el calzado hará caer en picado la fabricación de alpargatas. Todo ello, hizo que de las 25 fábricas censadas en 1943 sólo 3 subsistan en los años sesenta.
Exposición bancos de coser suelas de cáñamo.
Las aplicaciones del cáñamo son numerosas. Desde la fibra textil de su tallo para la cordelería hasta la plena elaboración de la industria alpargatera. Otros usos menores como la arista para encender fuego, el tamo o la gurufalla como alimento de las aves de corral por su gran aportación de calorías, en tanto que la estopa y la hebra se aplicaba directamente en la alpargataría y la hilatura. Además el tallo verde de cáñamo podía ser eficaz como insecticida. También la semilla del cáñamo, el cañamón, se utilizaba como alimento de los pájaros, se obtenía también aceite para el jabón casero y popular era su consumo como aperitivo y para la elaboración del turrón cañamón. O sea un interminable catálogo de utilidades.

Exposición de la elaboración de hilatura de cáñamo.
Ya terminada la recolección (arrancar o segar el cáñamo) se apilaba en gavillas, se sacudían para deshojar y se hundían en balsas con agua colocando grandes piedras para impedir que flotasen. 


Exposición de diversas "Gramas".
Cuando se pudría la corteza, se procedía a su secado al sol, el siguiente proceso era gramar o "agramar" -como se decía en Cehegín- con un artilugio llamado Grama, de forma acanalada de madera con una maza interior dotada de una hoja de hierro con la que se golpeaba el cáñamo para separar las impurezas. A continuación se peinaba con otro instrumento en forma de tabla con numerosas púas o alfileres gordos muy largos en un extremo. De esta manera se separaban las hebras más chicas que se prendían en el rastrillo. Tanto las finas como las otras eran utilizadas para diferentes fines, elaborándose infinidad de productos que facilitaban el desarrollo de pequeños talleres artesanales que tuvieron gran implantación en aquellos años.



Entrando en el tema alpargatero, como explica en su tesis Salvador Martínez, empezamos por la hilatura, con la Rueda de hilar colocada en las llamadas “carreras” como las de Felipe Alemán, las de don Santos, Ramón Carrasco, Ángel Caparrós, que existían hasta hace poco, y las “carreras” itinerantes en plena calle.


Así, con la fabricación de guitas (hilaturas) y de sogas (soguería) se realiza el paso intermedio en el proceso de elaboración alpargatera. Mientras las mujeres se dedicaban a la conversión de la fibra en soga y su trenzado además de la preparación de los cortes, los alpargateros se agrupaban en plazoletas donde urdían y cosían las suelas…… y rivalizaban cantando tangos y rancheras de Gardel y Negrete. 

Grupo de alpargateros en la plaza Vieja
Las herramientas y utensilios eran el Banco, la Almará, el Chamarí, las Tijeras y el Encabillador. Se remataba la suela por los Clavos que los echaba un aprendiz y consistía en completar el cosido a la suelas por el centro. En cuanto a los Cortes se hacían con una tela fuerte o con lona. Faena para las mujeres. Se recortaban con patrones, marcados por la Regla y el Clarión para finalmente unirlos a las suelas dentro de la Horma, con la Lezna y las Agujas, protegiéndose las manos con una especie de Manoplas. Y  como última labor de acabado, planchar, almidonar y proceder al rayado. TODA UNA INDUSTRIA FAMILIAR.

Nota: Algunos datos y fotos recogidos de diversas publicaciones.
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