VUELVE A CASA POR NAVIDAD...
La fiesta de Navidad como tal, tiene un origen pagano: ya
para los babilonios eran los solsticios días mágicos, celebrados con hogueras,
ritos y bailes. En el mundo romano
también se conmemoraba el día del “Sol invicto”, Natalis Solis,
(nacimiento de Mitra), el 25 de diciembre con motivo del paso del equinoccio de
otoño al solsticio de invierno, en el cual los días con luz solar comienzan a
alargarse. Se aprovechaba esta circunstancia para dar paso y celebrar el nuevo
año civil.
Según la historia, ya se celebraba la Navidad en el año 354
en la ciudad de Roma; es en este entorno cultural y religioso donde se
desarrollan las primeras comunidades cristianas, que al desconocer con
exactitud el día del Nacimiento de Cristo y motivado por el sincretismo
religioso que quiere llevar a cabo el emperador Constantino tras la “Paz de la
Iglesia”, decreta en el año 321 que el domingo será el día del Sol para los
romanos y el del Señor para los cristianos al identificarse a Jesucristo como
el ‘Sol del mundo’, ‘Luz del amanecer’, como gusta nombrarlo el evangelio de
Juan.
Una serie de tradiciones han ido incorporándose a lo largo de la historia y han enriquecido esta celebración: el canto de los villancicos; la iconografía del nacimiento y el belén, representada en el arte de la imaginería belenística, cuya manifestación en Cehegín la tenemos en el monumental belén de la Iglesia Mayor de Santa María Magdalena.; (Extraordinaria fama tiene el célebre Belén de Salzillo de Murcia); los Reyes Magos de Oriente y sus juguetes para los niños que sean buenos...; los suculentos banquetes y otras costumbres foráneas aunque ya casi arraigadas a nuestra cultura como el árbol de Navidad y sus colgantes obsequios; Santa Claus y Papa Noel, prematuros magos de occidente; las tarjetas de felicitación navideñas. En suma todo el espíritu que predomina en la sociedad de nuestros estos días.
Actualmente, la
Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Un amasijo de tópicos, una
coctelera de parabienes casi anónimos. Tiempo de gran actividad comercial e
intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares y según afirman ciertos
sociólogos, propicia al estrés o a la depresión, debido a la gran tensión
acumulada: elección de vestidos de fiesta, cotillones y cenas, etc. y todo a un
ritmo frenético, como debe ser...
Brindemos.... |
Aunque no priman hoy esencialmente los valores humanistas, y
la irracional brutalidad es almoneda al uso, fruto de una sociedad saciada y
hastiada de tanto vacío espiritual. A pesar del tontinglés y demás
ofertas consumistas. Pese a los despechados y recalcitrantes pseudoprogres que
declaran su odio hacia las fiestas navideñas y todo cuanto representan, o los
antagonistas que sólo en estos días se les despierta la conciencia, ya saben,
los del “...siente un pobre en su mesa...” No obstante todo lo dicho, aquí
tenemos de nuevo la conmemoración del nacimiento de Jesús en un mísero pesebre
abandonado...
Hace años, cuando no
gozábamos precisamente de esta sociedad del bienestar, la llegada de la Navidad
se presentaba con una esperanzada dosis de ilusión, sobre todo para los
pequeños, -¿quién no ha sido niño alguna vez?-; entonces no existía la tele, ni
cierta publicidad subliminal; los únicos juguetes que conocíamos eran la
clásica muñeca de trapo o el caballito de cartón, pero sólo para algunos
privilegiados; o lo que algunas ingeniosas manos infantiles elaboraban, un carrito
o un rústico patín a base de maderas viejas, equipado con ruedas engrasadas con
tocino rancio (el que disponía de unos cojinetes desechados por algún tío
mecánico era ‘el rey’). Evocaciones infantiles, sueños nostálgicos.
Muchos lectores
recordaran también los ingeniosos juguetes que construía Antonio de Gea, (Catarrás), también conocido como "el mudo del Hospital", a base de viejos botes de conserva, y que luego vendían en
el antiguo mercado ceheginero de los domingos.
Los monótonos cantos evocadores de los niños de San
Ildefonso, auguraban premios de Lotería y al mismo tiempo evocaban la llegada
del tío lejano, en una suerte de Reyes Magos sucedáneos, ellos sí que traían
“de la capital” auténticos juguetes: -“....
ha venido mi tío de Madrid y me ha comprado un mecano..., y una Mariquita Pérez
para mi hermanica...”- presumíamos con ostentación ante nuestros amiguetes.
Éstos con los ojos perplejos, aguardaban impacientes poder ver y aunque solo palpar
aquellos mágicos regalos, que no estaban evidentemente al alcance de todos los
españoles. Como tampoco los champanes,
turrones y golosinas de etiqueta negra. Y lo que hoy muchos quisieran degustar,
los manjares caseros, aquellos mantecados y alfajores elaborados por primorosas
manos femeninas, con recetas heredadas de nuestras abuelas. ¡Cómo olían aquellos
rollicos de anís y de vino, o la miel de romero y la canela del alfajor!
Dulces de Pascua de Motolite |
Eran
tiempos de escasez amigos, pero que no mermaba las esperanzas de los que creían
y siguen creyendo en la gente, en la convivencia, en la buena fe, no solo para
estos días, sino para todo el año. En esa estrella de Navidad con la que todos,
alguna vez, soñamos.
¡¡Felices Fiestas!!
Antonio González Noguerol -Motolite-