Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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domingo, 7 de noviembre de 2021

NOSTALGIAS

 

NOSTALGIAS

(por A. González Noguerol)
Pl. del Mesoncico

Nostalgias de escuchar tu risa loca... (Tango)


Sostienes, con cierta displicencia, que no es conveniente vivir de recuerdos, que hay que olvidar la gran aventura de lo acontecido, que hemos de afrontar el presente y sobre todo otear el por venir, y mordazmente aludes a Ionesco cuando dogmatiza, ante lo absurdo de la existencia, que: “… el pasado mata, ahoga, aísla, ciega…” Pero también admitirás que la vida sería una eterna peregrinación por parajes perdidos sin el tormento de la añoranza. Como asevera Emmanuel Geibel: - “¿Debemos acaso afligirnos porque una hermosa felicidad huyó rápidamente?”– Un breve encuentro y un largo recuerdo hacen el alma rica y libre, aunque asome la nostalgia por las rendijas de nuestras buhardillas…

Viejos recuerdos
Si nuestras sienes lucen, ya, muchas hebras argentadas y hemos robado los secretos de la vida, nuestros corazones permanecen perennes como aquellas agridulces infancias cuando aún ignorábamos la palabra ‘frenesí’. La incipiente caricia adolescente, premiosa e improvisada quizás; una urgente mirada mendigando algo imposible entonces. O la angustia de la primera separación… Ese olor del ser amado asaltándonos turbulento como un sorprendente regalo. ¿Cómo olvidar tantas cosas…?

Guateque años 60
Y es que… ¿Quién no atesoró un fragante jazmín entre las páginas del libro preferido o ‘un mechón de su cabello’ como cantaba el melancólico Adamo, desde el ‘pickúp,’ en el guateque del domingo por la tarde…? Eran los prodigiosos tiempos del “Yesterday”.

¿Te acuerdas…? Aquella juventud jovial y airosa, con las mejores galanuras, paseando por los verdes paseos domingueros, oteando el fugitivo rompeolas de los puentes ceheginenses que se miraban, a la sazón, en los azules espejos de los ‘babilónicos’ Argos y Quípar... Por el arroyuelo que descendía de La Pollera, el agua, cabrilleante, tarareaba bucólicas estrofas chisporroteando los ribazos adonde las revoltosas muchachas en flor, a la sombra de los encandilados mancebos, refrescaban sus mejillas sazonadas por los soles desnudos. En esas alamedas se aventaban los sueños adolescentes al son de la dulce balada que el soplo primaveral canturreaba a través de los ramajes centenarios del Camino de la Estación. El ‘caballo de hierro’ frenaba lastimoso en su arribada, atufando con sus bufidos los prados de esmeralda, que cubrían con un manto de ubérrimos ababoles, borrachos del licor de la rociada, mostrándose espléndidos para la merienda de un famélico rebaño que codicioso mostraba su alegría con el filarmónico sonsonete de los cencerros. Eran cadencias de la placentera mocedad.


¿Cómo arrinconar en las recónditas esquinas de nuestra recordación los nocherniegos remansos, paseando por las callejas bajo la bruma del incipiente otoño mezclada con el humo de las chimeneas que, como decrépitos faros, giraban sobre la negrura del Mar Mallejo?

Marmallejo nocturno

 ¡Desearía ser un Ícaro para contemplarte en lo alto y descender con el tibio sol de la tarde hasta abrazarte!, y a la manera de Serrat poder cantar: “... Quién fuese abrigo para andar contigo…” Insistes tenaz, con la cínica influencia de los prosaicos: “…no es recomendable la nostalgia…” ¿Y cómo podemos subsistir así, sin la utopía de la ‘búsqueda del tiempo perdido’…? ¿No comprendes, que en este atardecer de ausencias nos hemos hecho mayores soñando con inefables castillos aunque sean fuegos de artificio? Igual que Ulises, navegamos por mares extraviados contemplando las aves que nos señalan la ruta fiable porque se han averiado los sextantes y hemos estado a punto de zozobrar en brazos del ‘enemigo’. Pero no debemos ‘regomeyar’, ni inquietarnos, aunque se acerquen crepúsculos, volverán, con las ‘oscuras golondrinas’, otros pletóricos amaneceres. Vivimos en los corazones que dejamos tras nosotros y eso no es morir.

Me estrujas acusándome de romántico, –y acaso de cursi, intuyo-, pues has de saber que, como un siervo de la gleba, siempre permaneceré a tu lado. 

Panorama de Cehegín

Debes excusarme Cehegín amado, pero, ¿Cómo no sentir nostalgia de ti, de tu ubérrimo paisaje, de tus proverbiales paradojas, de tu altivez decadente y tu pusilánime modestia?... Qué le vamos a hacer si nací a la sombra del ‘Parador’, bajo el halda del Mesoncico. Sin duda, es la pertinaz saudade que abrasa intensamente… 

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