Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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lunes, 15 de agosto de 2022

DOMINGO FESTERO EN CEHEGIN.

 

UN DOMINGO DE FIESTAS EN CEHEGIN.

 “… dulce cantar de gesta en la plazuela amada: Y mientras brilla el alba y está dormido el viento trasciende la leyenda como una llamarada.”

¡Más belleza no hay...! (Foto de Ricardo López Rubio).

No sé lo que nos ocurre que siempre la inexorable saudade asalta a nuestra República del Mesoncico” y sus leyendas…, el otro día sacudía mi memoria aquellos mercados de los domingos cuando la calle Mayor era un hervidero de paseantes y mercaderes, comprando, saludándose, iluminando de color el entorno; eran domingos gratificantes que aún alentaban de vida social y comercial al Casco Antiguo de Cehegín y más aún si coincidía con las fiestas patronales.

El Mesoncico -Domingo de Fiestas-.

Evoquemos aquel retrato de un domingo de fiestas y de mercado: En el Paseo de la Concepción todo es bullicio, se están instalando los carruseles, y otros cachivaches de feria, los puestos de turrón y de golosinas, y los de joyería y juguetería, y el palco de la música, donde cada anochecida amenizará la fiesta con bellas melodías, todo adornado con los típicos farolillos y banderitas.

La feria en el recinto del paseo de la Concepción

Los ancianos albergados en el hospital merodean por los puestos y el Tío Godepe ya dormita en los poyos del portal de don Octavio, al amor del amable rayico de sol tempranero en un desanimado ensimismamiento, mientras un perrico le lame las perneras del pantalón. El Tío Palacios, olisquea calmoso por los tenderetes del mercadillo, hasta que algún 'acancarinao' le espolea la lengua y entonces espeta una abrupta maldición contra el ‘dios Faco’, tal vez, con cierta intención irreverente, y Pedro el Risicos, haciendo honor a su apodo, pulula afanoso por los puestos sin comprar nada, acompañado de Alfonso ‘el Chapolo’, un refinado ‘sentencias’, que ironiza: -La política pa los políticos, la mujeres a ratos y el vino a toas horas-; progresista por convicciones propias, ya que ha laborado mucho en la campiña francesa, asevera: -…en toas partes cuecen habas…,-  y es que no se fía ni de su sombra, aunque suele ser compasivo, como el día que un menesteroso borrachín ‘El Calandracas’, le pidió ‘prestao’ dos reales para un chato de vino, entonces, un amigo que  iba con el 'Chapolo', le increpó:-¡Tú  dale bastante… pa que luego se lo gaste en vino... –Alfonso arguyó sarcástico: -¡si te paece va a comprar el Carrascalejo...!- Sebas ‘el Chaparro’, encargado de vigilar los coches estacionados en la placeta, luce su gorra, investido de autoridad, regalo de un bedel del Banco de España, se la quita amablemente al llegar el dueño del automóvil y recibe la propinilla –seguramente dos reales- que van directamente al bar de Piñero para el chato reglamentario; y convida a un viejo falangista, el tío Marianete, siempre reconviniendo la situación política, porque no se termina de culminar la revolución nacional-sindicalista, y su oponente, Manuel 'Afeitalgato', ideólogo jacobino, que siempre le discute: Para revolución, la francesa, allí sí que funcionó bien la guillotina.

Calle Mayor de Arriba.

Al alba, los primeros cohetes despiertan a los durmientes, mientras los sones de la Diana se acercan hasta el Mesoncico con un hermoso pasodoble... Andrés “el de las novelas”, va montando su ilustrado puesto, repleto de lecturas, vende o alquila las populares novelas de M. L. Estefanía y de Corín Tellado, muchas de ellas a bajo precio, incluidas sus pringosas hojas de tanta lectura a cuestas, y para los más pudientes, las otras recién sacadas del horno y con olor a tinta fresca que le aporta una fragancia singular. Atiende a unos clientes madrugadores y cortésmente le recuerda a don Amancio Marín que sale de su casa-palacio: -Aquí tiene el ABC, ¿se lo lleva usted o se lo dejo en su casa …?- 
(Y ya tenemos el paisaje, que sí existe aún…) 
El Mesoncico huele a fiestas y el Gordo de la Pavica sigue perfumando el ambiente con pólvora de cohetería, mientras, de la confitería cercana aflora el aroma de garrapiñás y turrón, (extraña mezcolanza) ¡Es que son días de fiesta en honor de la Virgen de las Maravillas…! 

Grupo de Hermanas de la Caridad, con jóvenes catequistas.
Las Hijas de la Caridad desde la aurora, bullen con actividad, aventando el espacio con sus aparatosos tocados blanquísimos (llamados popularmente “cornetas”).
La gente se engalana con espléndidos atuendos, los sastres, por fin, descansan de tantas madrugadas de costuras y pespuntes. Otros se conforman con el reestreno de vestimentas que se les han quedado cortas a sus hermanos mayores. Y en algunos locales que utiliza el servicio doméstico de las casas nobles, se instalan para estas fechas zapaterías de la capital. 
Aparece el reverendo Juan Hernández (profesor del Seminario Mayor de Murcia), que pernocta en el venerable Hospital de la Real Piedad y oficiará la solemne función religiosa, mientras la banda municipal, dirigida por Arturo Canalejas, aguarda formada en línea marcial, para escoltarlo, al son de un alegre pasacalle, acompañado de los próceres en pomposa manifestación, hasta la Iglesia Mayor de Santa María Magdalena. Al finalizar la solemne función, de nuevo, en marcial formación, regresa el cortejo escoltado por la banda. 

La Banda Municipal aguarda al pregonero
Regreso del cortejo desde la Magdalena.

Esta mañana promete una gran jornada, domingo de mercado y además fiestas en honor de la trigueña Maravillas; a las 10 de la mañana se celebra una de las funciones religiosas, cantadas a gran orquesta. Jesús López ya va para arriba cargado con su violoncelo a buscar al maestro Ventura que aquella mañana cierra pronto la sastrería, allí aguarda repasando su violín; Jesús ‘el Pavo’, aparece acompañado de su ayudante Frasquito ‘el Majito’ que transporta el enorme contrabajo o violón. Luis el sacristán y Adolfo Peñalver les esperan en la parroquia para afinar y calentar las voces, mientras llegan el resto de intérpretes: los barítonos Antonio Zarco y el sr. Garmendia; Paco 'el Dulce' y el tenor Daniel Corbalán (hermano del párroco don Gumersindo), además de algunos músicos de la banda que se incorporarán al conjunto musical.

A la entrada del Mesoncico, don Darío (El Notario), supervisa preocupado, el magnífico retablo decorado con llamativos tapices de famosas pinturas, búcaros florales y demás ornamentos, y una bella imagen, copia de la Virgen de las Maravillas, entronizada en el centro de la fachada frente a la placita de la Barandica.

Monumental retablo ornamentado en la fachada de la notaría.

Un caballero sale de la mansión del interminable balcón y se dirige al afeitado de los domingos en la barbería de Juan Francisco ‘el Churrascas’, allí se encuentra a Juan Cava, que porfía con un socio del casino sobre los problemas de la caza furtiva, Cava opina: No me contradigas de caza y pesca que yo sé más que el más sepa… en ese momento se acerca la digna figura de don Pepe Fernández, que también se dirige a la iglesia, y escuchando la controversia de ambos amigos sentencia: La invasión amateur de la campiña es perjudicial para el arte cinegético… y con esta lapidaria frase finaliza la discusión. 

Antonio Noguerol -fliscorno solista de la banda- con su nieto Antoñico Motolite.

Al pie de la escalinata hacia el paseo, con su guitarra en ristre, un ciego entona sus ‘reparandorias’ que logran saltar las lágrimas de algunos espectadores: ¡Padres que tenéis hijos! ¡Hijos que tenéis padres! ¡Abuelos que tenéis nietos! ¡Nietos que tenéis abuelos…! ¡Oír los romances de este pobre ciego!  Los versos de la Reina Juana, llamada "La Loca", confinada en su torre esperando a su difunto esposo, el rey Felipe, malnombrado 'El Hermoso'… o la historia del crimen de Cuenca, sucedido en Valera de Arriba lindante con Valera de Abajo...

Y algunos tipos pintorescos que revolucionan el mercado con su facundia, el gran Ramonet, que ofrece… y ofrece, y ofrece…, como si regalara sus existencias. Javier ‘El Santero de Bullas’, con sus reliquias cobijadas en los bolsillos y tras las solapas de su raída chaqueta, incluso dentro de las pecheras de la misma, donde atesora incontables colgajos y amuletos religiosos; y el enigmático ‘Tío de la Moa’ (de la moda), que promete favores con ronca voz, rezongando: Taco taco y almanaque,… el almanaque zaragozano…,- colgado de su cuello muestra un maletín repleto de elixires, abalorios y quincallas -…para las mozas en amor…,- asegura.

El Mudo del Hospital tomando un refrescón de anís.

Y otro tipo singular: Antonio de Gea "el Mudo del Hospital", precedente ecológico, vende unos preciosos juguetes elaborados con material reciclado, (botes de conserva vacíos, retales de madera del carpintero o púas y clavos viejos)...; y el Tío 'Menchas', pertrechado con un extraño ‘artilugio’ en forma de arco, enlaña un valioso plato de Níjar o una ornamentada fuente de la Cartuja sevillana; el puesto del tío 'Porrino' con su baluarte de ‘malguanes’, esteras, soplillos de esparto para la lumbre, y Pedro 'Mazantine': llaves y cerraduras, candiles y chuminos, atizadores, hierros para guisar, badilas y un largo etcétera. Un surrealista microcosmos lleno de color, pese al mundillo en blanco y negro de la época.

Un puesto de hortalizas del mercado, frente al antiguo ayuntamiento
Por el callejón de doña Gabina Arévalo, suben dos comadres con sendos mantos y pañuelo oscuro a la cabeza, cargadas con un pollo campero de roja cresta y muslos amazacotados, seguramente para guisar el suculento arroz con pollo ceheginero, y un cesto repleto de huevos y paja que les ha despachado el encorvado recovero de sobada gorra, junto a la taberna de Juan 'el Manco', refugio de pitanza y morapio. En suma, un pintoresco microcosmos, un tanto anárquico, que harían interminable esta publicación. Y es que los antañones confines de la “república del Mesoncico” poseen, como la ancestral Peña Rubia, un mágico magnetismo indescriptible. Cantaba aquella amiga poetisa: No estés triste, tú no mueres, te revives cada día en el alma ceheginera.

Relataba nuestro querido cronista Abraham Ruiz Jiménez, que fue Francisco Silvela, el gran político de finales del siglo XIX, en una de sus visitas a Cehegín junto a su íntimo amigo don Ramón Chico de Guzmán, quien aseveró complacido, refiriéndose al Mesoncico y aledaños: ¡¡Qué bien se está aquí…!!”

Plaza del Mesoncico en calma -foto actual-

De esta característica forma, la vida mostraba su lado amable en una tranquila ciudad llamada Cehegín de los años 50.

 Fuentes: Tradición oral, y algunos datos de diversos archivos. Fotos de Fco. Ortega y otras publicaciones y del autor.

 

 

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