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sábado, 5 de noviembre de 2022

LOS VAQUEROS Y OTRAS MODAS

 

LOS PANTALONES "VAQUEROS" 

¿EL UNIFORME DEL SIGLO XXI?

Pareja con "vaqueros".

Hace unos 30 y tantos años imaginábamos el vestuario del siglo venidero, tal como nos lo pintaban en películas como 2.001 Odisea en el Espacio o La Guerra de las Galaxias, atavíos alumínicos, de inmaculadas fluorescencias o extrañas armaduras de plástico. Al fin, en el umbral del nuevo milenio, constatamos que nada más lejos de la realidad. El uniforme imperante para el siglo XXI es, si no surge nada que lo sustituya, los “blue jeans”, o para entenderlo en “cristiano” los popularísimos 'vaqueros'.

Qué poco imaginaba aquel joven judío, emigrante bávaro, llamado Leví Strauss, cuando atracó en los muelles de San Francisco a bordo de un barco de vela en busca de la prometida ‘quimera del oro’, la que se iba a organizar con las piezas de lona parda destinadas para cubrir las tiendas de campaña y los toldos de las carretas de los mineros. Pronto descubrió que casi no existía demanda de tales tiendas. ¿En qué emplear tanta pieza de aquel género…? Sí observó en cambio, que pocos obreros disponían de ropa suficientemente recia para tan ruda labor, así que contrató los servicios de un sastre para que le convirtiera en pantalones aquel basto tejido de lona.


Enseguida corrió la voz de que - ‘...los calzones de Levi eran los más resistentes’...- Es incuestionable que se vendieron inmediatamente. Leví Strauss, sin pisar mina alguna, descubrió de la noche a la mañana un verdadero filón. Cuando se acabó la lona, Leví encontró otro tipo de lienzo de algodón francés (llamado ‘Serge de Nimes’) usado en otro tiempo por los marineros genoveses, conocidos como ‘gênes’, de donde se derivó el vocablo inglés ‘jeans’. Es decir, nada más alejado de lo que entendemos como el Far-West. 


Existen numerosas anécdotas de esta indestructible tela: por ejemplo, se cuenta que se desengancharon dos vagones del tren y un ferroviario los volvió a enlazar con unos pantalones Leví y así consiguió que el ‘caballo de hierro’ llegara a la próxima estación para ser reparado. Lo que sí logró fue unir esta universal prenda a toda una generación de colonizadores de una nación en expansión. 


Ya en los años 50, el uso de los 'jeans' se había convertido en prenda corriente para la infancia, y los adolescentes empezaron a discutir con sus progenitores y maestros el derecho a vestir aquellos pantalones en clase. Aquí nació, acaso, el símbolo contra la autoridad y la opresión, auténtica o ficticia. Aquel pantalón 'vaquero' detentaba un mensaje secreto ‘eres de los míos, si lo usas’. 
Sólo faltó la llegada de la gloriosa ‘década prodigiosa’, la contracultura existencialista, los sesenta: The Beatles, los hippies, la universidad de los ‘rebeldes sin causa’, ‘haz el amor y no la guerra’, etc. Todos juntos adoptaron como ‘uniforme de combate’ los ‘blue jeans’.


El éxito de esta prenda llegó rodado para los sagaces fabricantes, sobre todo los del mundo de la moda. Así, toda la sociedad occidental usaba ya 'vaqueros'. Daba lo mismo que fuesen jardineros que obreros de una cadena de producción; miserables mendigos que ociosos aristócratas; jóvenes rebeldes o decrépitos jubilados. Lo mismo era usado el pantalón en el fondo de la mina que en los salones de un palacio. Y aquellos jóvenes protestones contemplaron molestos cómo sus propios padres les imitaban colocándose sus atributos revolucionarios. Para diferenciarse, otra práctica se impuso: colocarles parches de abigarrados colores, flecos y otras mil innovaciones, y el colmo de lo absurdo, agujerear los pantalones. Incluso se llegaron a vender, a precios astronómicos, partidas de pantalones de segunda mano, procedentes de traperos: -... pero es que cuanto más gastados y descoloridos, son más modernos...-, aseguraba un jovencito rapagón.


Había que demostrar desprecio por el materialismo y las convenciones sociales. Aquellas generaciones inconformistas, desdeñosas del militarismo y la uniformidad imperante, habían escogido, paradójicamente, su propio uniforme: los pantalones 'vaqueros'. Eso sí, para que fuesen unos 'vaqueros' auténticos, debían llevar cosida la marca exigida por los reyezuelos de la moda, emanada de los "sacratísimos U.S.A.".


Así a través de los años se han ido produciendo modificaciones en torno a este atavío. Pero en el fondo, queramos o no, los pantalones de Leví siguen siendo de uso general. Y millones y millones de prendas se fabrican a diario en todo el orbe. Un sociólogo de Yale, afirmó que expresaban: ...’la libertad y la integridad de la persona...’ y un fabricante asegura que: 'una moda es más fácil de llevar si es al mismo tiempo elegante y barata'. 
Da igual que produzcan calor en verano o frío en invierno, que aprieten excesivamente las mollas de los gordicos o que las personas anoréxicas parezcan aún más escuálidas... Que sean incómodos al sentarse; que denote excesivamente el ‘paquete’ o que los escondidos encantos femeninos sean notorios; que sus afiladas placas metálicas desgarren nuestro sillón preferido y mil problemas más... ¡No importa!


Lo evidente es que, sin quererlo, el invento de aquel emprendedor judío: los universales 'vaqueros', iba a ser una de las pocas cuestiones unánimes de este belicoso planeta. Da igual ser conservador que progre, ruso o chino, del Madrid o del Barsa, blanco o negro, de Oxford o de Cambridge, de Salamanca o de Santiago: todo el mundo usa ‘blue jeans’. Afirmaba el presidente de ‘Levi Strauss & Co.’, los mayores fabricantes de pantalones 'vaqueros' del mundo: Los Jeans representan un estilo de vida despreocupada que ha sido adoptada por la gran mayoría de la Humanidad... 


Afirma un prestigioso sociólogo que los tres grandes inventos del siglo XX, han sido sin duda: La Fregona; la Cocacola; y los Vaqueros. Aunque éste último es el que se lleva la palma. Pero no olvidemos otro ‘negocio’ que se está convirtiendo en prenda universal, los zapatos deportivos o ‘bambos’, ‘sneakers’, tenis, o el colmo de sofisticación: ‘zapatillas de vestir o urbanas’. 
¡Ah...! Y se me olvidaba el móvil....! Pero lo del "selular", sin comentarios.           

  Antonio González Noguerol-Motolite-

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