Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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miércoles, 18 de marzo de 2015

El pintor Pareja

EL PINTOR “PAREJA” 

–¿UN ARTISTA DESCONOCIDO?-

Entrada de la  casa del pintor.
En una ruinosa callejuela con nombre de Pintor Villacis, que baja desde el Mesoncico por la estrecha escalinata junto a la capilla del Hospital de la Real Piedad y se prolonga hasta los Olmitos, en el mismísimo corazón del casco antiguo ceheginero, se encuentra la ya desvencijada casa natal del miniaturista García Arévalo, en cuya desconchada fachada una nostálgica lápida reza textualmente: -«Cehegín, a su hijo, el pintor miniaturista Francisco García Arévalo, *31-VIII.1873. +8-III-1937. Fiestas del año 1955.»
Nos referimos al pintor Francisco García Arevalo, -el pintor Pareja-, como también se le conocía en el pueblo de Cehegín, por ser hijo de don Francisco García Pareja, alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera. Estudió dibujo y pintura en Murcia en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde obtuvo una beca de la Diputación para seguir sus estudios en diversas escuelas como la de Bellas Artes de Valencia y San Fernando de Madrid y Roma.
Es paradójico que teniendo tan cerca el paisaje ocre ceheginero, saturado de cromatismos, Arévalo insistiera siempre en el retrato miniatura, dejando a un lado la naturaleza muerta. En sus temporadas ceheginenses pintó un óleo de la Virgen de las Maravillas, que se encuentra en paradero desconocido, y en Cehegín se conservaban otros tres retratos al óleo (según dicen en casa de Rosita Pareja, la sobrina del pintor, ya fallecida y que fue esposa de Antonio de Hita).
Un mundo liliputiense, este microcosmos misterioso, donde el cuerpo se resiste a resumirse, cercenado como un busto, asomado al ventanal del ‘dije’ o del medallón descansando en sublime pecho femenino. Y es que el miniaturismo hace de la obra pictórica una singular permanencia de rostros o imágenes encadenadas alrededor del cuello. Seres queridos, devociones religiosas, incluso amores desdeñados, hacen de la miniatura algo que no es del todo ostentoso. No pertenece ni a la intimidad ni a la publicidad.
Como asevera un crítico de este minúsculo arte: “La miniatura culminó en el siglo XVIII y se divulgó XIX, para ser derrotada por la fotografía. Delicados rostros de mujer que hoy contemplamos sin otro amor que encariñarnos con la obra de arte, en otros tiempos miradas llenas de nostalgia se posarían sobre el sutil esmalte del recuerdo. Muchas veces al contemplar una colección de miniaturas hemos pensado que cruzábamos estremecidos por un cementerio de almas.”
Estamos en 1913, año que Marcel Proust termina su célebre obra En busca del tiempo perdido,………. está recién reinaugurado el Teatro de la Zarzuela, después del terrible incendio que lo arrasó,……….. y la reina Victoria Eugenia y la Infanta Isabel suelen visitar el estudio de García Arevalo en la calle Juan de Austria madrileña, y allí termina dos miniaturas de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia y otra del príncipe de Asturias Alfonso-Pío, plasmadas en sendos huesos de cereza. Estos retratos, junto al de Goya, viajan a Munich donde Arévalo obtiene un premio en la Exposición Universal de Bellas Artes, pero los tiempos son intranquilos estamos al borde de la I Guerra Mundial. Munich fue para el pintor, el arranque, la fama, aunque una fama miniaturizada, pero que él amó en su limitaciones.
El retrato-miniatura posee un sentido intimista mayor que el resto de la pintura. Algo capaz de permanecer al alcance de la mano como objeto de caricia. Por eso la capacidad de García Arevalo llega a singulares extremos que parecen penetrar en lo mágico. Su pintura, realizada con pinceles de un pelo o como mucho dos, bordaba los rasgos en las delgadas láminas de marfil con el riesgo de que una mosca traviesa se posara en la pintura aun fresca y le hiciera repetir la faena.
Le gustaba trabajar en las horas de los noctámbulos, cuando los poetas y los músicos se inspiran en las musas de la noche, acompañado de humeante café cargado de genio, sacando chispa de luz en los colores reducidos a la mínima expresión. Fue el suyo un mundo menor, sin otra peripecia que la de servir al recuerdo.

Calle Pintor Villacis. (donde nació G. Pareja).

 ¿Pero quién recuerda hoy, a estas alturas, al pintor Pareja?, en este Cehegín ruidoso y amigo de algarabías nocturnas. ¿Cuántos cehegineros conocerán la discreta figura de este genial Francisco García Arevalo que murió a los sesenta y cuatro años, en 1937 en plena guerra civil, lejos de Cehegín?

Antonio González Noguerol
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