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miércoles, 19 de abril de 2023

FARMACIAS, BOTICAS, Y BOTICARIOS

FARMACIAS DE CEHEGIN Y 

SUS BOTICARIOS

El boticario local recibía un sueldo anual por parte del Concejo de la Villa de Cehegín para el pago de las medicinas que destinaba a los enfermos pobres que estaban atendidos en el hospital de Caridad. En el año de 1748 el boticario era Andrés Sánchez, y su botica estaba muy cerca de la puerta de Caravaca, por debajo de la muralla del Castillo ceheginero. Contemporáneo de Andrés Sánchez era el doctor don Joseph Picó, médico de la villa. Bella palabra la de botica, ya muy en desuso, aunque aún la recordamos en boca de los ancianos y es que a partir del siglo XIX ya se regulan los estudios de farmacia, apareciendo entonces la denominación de farmacéutico. En la actas capitulares del Archivo Municipal de Cehegín de 1748, aparece este texto: Le sea entregado, dé y pague a Andrés Sánchez, boticario de este villa, ziento y diez reales de vellón, los mismos que importa su salario anual, consignado por las medicinas que de su botica suministra a los pobres enfermos de el hospital... Para  obtener el título de maestro de botica, había que pasar un examen para ejercer la profesión, una especie de químico a la antigua usanza conocedor de la proporción exacta para elaborar los remedios y estar en contacto con el médico para prescribir la receta oportuna. Contemporáneo del citado boticario Andrés Sánchez, fue el doctor Joseph Picó, médico local.


A lo largo del siglo XX, en nuestra villa se han establecido numerosas boticas con competentes profesionales del fármaco y es que suele decirse “Aquí hay de todo, como en botica”, cuando en determinado lugar, más bien referido a una tienda, no falta nada de lo necesario o se presume que reúne todos los productos o remedios que pueden ser ofertados. Naturalmente aparte de estos naturalistas y curanderos, nada más alejado de los profesionales de la medicina…, en las antiguas boticas, que hoy llamamos farmacias, -o más fino aún “Oficinas de farmacia”- solía haber una oferta relativamente abundante de los remedios que un enfermo necesitaba para curarse. El término “Botica”, procede del siglo XVI, cuando el Imperio español dominaba el mundo, por lo que las boticas del país estaban bien surtidas de todos los medicamentos y remedios curativos naturales conocidos en aquellos tiempos. Pero dejemos la historia y centrémonos en Cehegín donde han pasado numerosos licenciados en farmacia, virtuosos de la fórmula magistral, que han dejado un buen recuerdo no solo por su profesionalidad y honradez sino también por su trato humano con los ciudadanos. Y es que de todo abunda en este “valle lacrimoso”, boticarios serios y formales y otros no tanto y como don Hilarión el de la Verbena de la Paloma, gustaban de flirtear con las hijas de Eva. Y es que es normal… ¿a cualquier galán le seducen las hijas de nuestros primeros padres?

 Pero dejemos las bromas y sigamos con los recuerdos. Podríamos destacar licenciados como Don Miguel Morales de cuya figura un tanto enigmática se cuentan algunas historias truculentas, como que fue objeto de una cruenta agresión sin aclarar; en la memoria de nuestra generación recordamos a don Francisco Ortega Lorencio, hermano de las populares boticarias, creador de una extraordinaria pomada reconocida como remedio eficaz para muchísimas dolencias (aquel ungüento lo servían en unas preciosas cajitas de palma). O el entrañable don Antonio Bañón, ambos tradicionales farmacéuticos de tertulias de rebotica y casino, amigos y colaboradores del médico don Antonio Bernal. Laboratorios decorados con el tradicional botamen de cerámica de Talavera como el de don Dimas Agudo, uno de los más reconocidos por su extraordinaria humanidad, cuya farmacia, regentada por sus hijos, es la decana de nuestro pueblo, sita en la calle Mayor; don Enrique Valcárcel, el boticario de la boca torcida a consecuencia de un balazo, -según contaban-, que ubicó la farmacia en la cuesta del Parador para después traspasársela a la encantadora doña Tribuchi, una atractiva boticaria de simpatía arrolladora; don Manuel Carpes, joven licenciado que llegó a  Cehegín para establecerse en el barrio, -cerca de la antigua lonja-, y el apreciado farmacéutico Antonio Corbalán, muchísimos años jefe de la sanidad local y recientemente fallecido. Antiguos laboratorios decorados con el tradicional botamen de cerámica talaverano como el de las boticarias que aún es conservado en la farmacia de Pedro Fernández Ortega, en Barrio del Almarjal. Y ya, las actuales farmacias que se encargan de servirnos los medicamentos para paliar los innumerables achaques que sufrimos en este complicado siglo XXI, donde ya no se dan las tertulias en las reboticas, ni se filtrea en el casino con la Casta y la Susana, pero de éstos otros nos ocuparemos en otra ocasión..

Fuentes: Archivo Municipal, y otros archivos y publicaciones y muy agradecido a Fco. Jesús Hidalgo, archivero local. Algunos temas de la tradición oral ceheginera.

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