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viernes, 19 de junio de 2015

CATEDRALES ESPAÑOLAS

Las catedrales españolas


 (La palabra “catedral” viene del latín “cátedra” -silla o trono-)


En España, la primera organización diocesana o catedralicia había sido visigoda pero la invasión árabe destruyó los templos –un ejemplo palmario es nuestra misteriosa ciudad en ruinas: Begastri, que tuvo su esplendor en la época bizantina, como sede episcopal, sus obispos asistieron a los concilios de Toledo-. 

Catedral Visigótica.
Las iglesias visigóticas siguen la distribución de las basílicas cristianas, fundiendo elementos orientales y occidentales.
Es a partir de 1088, en que se reconstruye la catedral de Toledo, cada diócesis va edificando una nueva al ritmo de la Reconquista. En 1120 se construye la de Santiago de Compostela; por las mismas fechas, Tarragona; en 1248 la de Sevilla. Desde el siglo XI hasta el XV, en la época de los estilos románico y gótico, van naciendo todas ellas. 
Afortunadamente no siempre se optó por demoler las antiguas catedrales románicas. Unas veces por escasez pecuniaria y otras por excesivo dogmatismo, lo cierto es que aquellos recios muros silenciosos, cerrados a cal y canto a la luz solar, simbolizaban en su penumbra el respeto a la casa de Dios. Así las bóvedas de cañón, los contrafuertes, los arcos de medio punto y las impostas decorativas forman los elementos más importantes del románico, como el desarrollo de las bóvedas de piedra que fue uno de los logros excepcionales de la arquitectura románica ―que quiere decir: ‘A la manera de los romanos’―


Arquitectura románica.
La piedad y los caminos abiertos favorecieron extraordinariamente a la arquitectura en la segunda mitad del siglo XI. En aquellos tiempos, las colecciones de reliquias abundaban en toda Europa occidental, y por doquier había sepulcros venerados. A los peregrinos de Tierra Santa que traían palmas se les solía llamar 'palmeros', como los de Roma 'romeros', mientras, que de Santiago llevaban conchas en señal de su romería. Jerusalén, Roma y Santiago atraían mareas de fervorosos cruzados desde los lugares más remotos, hasta el punto de que, en las rutas de peregrinaje —y muy especialmente en el camino de Santiago, donde los palmeros, eran tan numerosos que llegaron a desarrollar cierto sentido del compañerismo—, hospicios y monasterios tuvieron que organizarse para atenderlos. 

Peregrinos hacia Santiago de Compostela.
Alegra el corazón pensar en lo que Kingsley Porter llamaba: «aquellos largos, pero deliciosos kilómetros» de camaradería con «las miríadas de seres humanos que hacían a pie leguas interminables para poner su gratitud y su remordimiento, su riqueza y sus pecados a los pies del Apóstol». Con profunda sensibilidad reconoció y expresó «la vitalidad interior, no sé si poética o espiritual, pero aún llena de fuerza en Santiago, y de imperecedera belleza».
Muchas ciudades, al enriquecerse, derriban además la vieja catedral para convertirla en gótica, como es el caso de Barcelona. 
Sureda, autor de Pintura Románica en España y director de La España gótica describe la gran decadencia posterior: "En el Barroco muchos templos, como Santiago de Compostela, se reforman al nuevo gusto. Los retablos medievales se sustituyen y los murales románicos se encalan..." 


Catedral de Santiago.
Y entonces se produjo la explosión del Gótico ― ‘algo relativo a los godos’―. Del arco del medio punto y la bóvedas de cañón se paso al estilo ojival que consistía en una figura formada por dos arcos de círculo iguales, que se cortan en uno de sus extremos y volviendo la concavidad el uno al otro; estilo gótico, también caracterizado por la decoración de calados con adornos asimétricos, semejantes a las ondulaciones de las llamas. Sobre todo el de la última época, que se caracteriza por la ornamentación de los excesos.
Y así del silencio y la penumbra brotó el cromatismo de las vidrieras y la exuberancia. En suma, la desmesura de las formas. 


Vidrieras Catedral de León
Es entonces cuando emergen como altos minaretes, magníficas, deslumbrantes, las hermosas catedrales españolas: Sevilla, con su esbelta torre rematada por la gracia suprema del giraldillo; León, donde las vidrieras hacen de diáfanas paredes, saliendo de la entrañas de una de esas leyendas de la Edad Media, sin duda de la más transparente, de la más cristalina, con su espectacular rosetón occidental donde los doce ángeles trompetean el óculo de la Virgen con su Hijo...; Burgos, simbolizando el espíritu milenario de la ciudad donde el arte muestra su máxima sublimación; Murcia, con su fachada, retablo barroco, y la corpulenta torre de casi cien metros de altura donde cuelgan veinte campanas ― la torre catedralicia más alta de nuestro país, según dicen―

Catedral de Murcia.
Zaragoza, además de la vetusta Seo, podemos admirar la basílica del Pilar, que se muestra imponente y majestuosa a la orilla del Ebro; Barcelona, con su gran catedral mediterránea, emparejada junto a la legendaria basílica de Santa María del Mar, sin olvidar la casi por fin completa Sagrada Familia; Santiago de Compostela, ejemplo de desmesura arquitectónica en su Pórtico de la Gloria; Salamanca ―ostentando dos catedrales: la Vieja y la Nueva―; Palma de Mallorca; Girona, etc. Y la catedral Primada de España: Toledo, la “Dives Toletana” donde se atesora el museo de museos.

La Dives toletana.
Y así nuestra hermosa España completa un magnífico catálogo de templos.
Sólo más tarde, en la segunda mitad del siglo XIX, se recuperará el gusto ―un tanto fantaseado― por la Edad Media.
Desde la noche de los tiempos las catedrales se asientan y han hecho suyos los basamentos culturales y religiosos de la historia del patrimonio de España, el mayor de Europa con 91 conjuntos catedralicios. Además es el más completo en archivos, fondos musicales y bienes muebles, por lo que debiéramos estar orgullosos.
Así, en nuestra diversificada “piel de toro”, esta sublime tierra llamada España, raro es el lugar que no presume de una esbelta y monumental iglesia, desde la majestuosa basílica de grandes campanarios hasta la más humilde ermita rematada por su tímida espadaña, donde los viejos pueblos cristianos cantan al Señor.


Interior Iglesia Mayor Sta. María Magdalena de Cehegín.
Nosotros los cehegineros, cobijados bajo la alta sombra de la esplendorosa Iglesia Mayor de Santa María Magdalena, joya del Renacimiento, de estilo herreriano, sostenida por altas columnas del orden jónico, soñamos con la grandeza de nuestras basílicas ante el deslumbrante espectáculo de la vega del Argos, admirados de tan ubérrimo paisaje ornamentado por un derroche de verdor. 


La Magdalena de Cehegín (Columnas jónicas en todo su esplendor de luz y color).
¡Es que es nuestra particular “catedral”!....

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