Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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lunes, 29 de junio de 2015

EL MESONCICO -I-

PLAZA DEL MESONCICO 

(UN RECOLETO RINCÓN)

“Gentes de antaño, viejas moradas, placenteras jornadas,  sueños de la niñez…”

Pl. Mesoncico -Escalinata Paseo-
Pese a la agradable brisa que refresca la noche de julio ceheginera, el visitante encumbra la fatigosa Cuesta del Parador exhausto y sudoroso, su pausado caminar le permite observar los añosos frontis que jalonan la calle Mayor, señal de la decadente burguesía asentada en otras épocas esplendorosas.
Al desembocar en la Placeta del Mesoncico le despiertan de su desmayada reflexión las campanadas de medianoche de la legendaria Torre de la Concepción que entre una bruma de oro blasona fulgurante. Cobijo de por vida del mítico Martín de Ambel, fugitivo de la justicia y.... acogido a derecho sagrado por asuntos de honor... 
Es un instante mágico. Parece un milagro que en tan relajante lugar se rompa el mutismo.
El viajero se sorprende de la recoleta plazuela, conocida antaño como Plaza del Sol, nombre atribuido, tal vez, por un reloj de sol ubicado en la noble fachada de la casona de don Octavio donde aun destaca la soberbia balconada de hierro forjada por hábiles manos artesanas. Restaurada la democracia en España, pasó a llamarse Plaza del Mesoncico, aludiendo a un antiguo mesón.

Frontis casona don Octavio.
Apacible Mesoncico (Como cantaba aquel poeta: “…qué bien se está aquí…”) encrucijada de seis calles en el corazón del Casco Antiguo: calle Mayor; cuesta Moreno (antes Princesa); Hnos. Ruiz de Assín (Escalinata del Paseo); calle de Pedro María Chico (antes calle la Estrella); y el callejón Pintor Villacis (En el siglo XIX, travesía Olivericas de Cardona). Pintorescos rincones impregnados de referencias medievales.
Testigo secular de todos los eventos locales, en este lugar se celebraba el sorteo de los quintos por el ancestral método de bolas blancas y negras. En uno de aquellos reclutamientos, salieron cehegineros voluntarios para luchar, junto al General Palafox y Agustina de Aragón, contra los intrusos gabachos.
Antiguamente también se celebraba el tradicional mercado semanal cada domingo, al amparo de las austeras casonas.

Día de mercado en el Mesoncico.
Así mismo aun festejan los cehegineros una de las fiestas más antiguas de la localidad: El día de San Sebastián, santo patrón del Casco Antiguo, protector contra las epidemias y los huracanes.

Misa de San Sebastián.
Las corridas de vaquillas en la Plaza del Mesoncico, fueron pieza imprescindible de las diversiones de finales del siglo XIX hasta la construcción de nuestra Plaza de Toros. Y también eran recibidos los diestros que cada año toreaban en los Festivales Pro-Asilo de la Real Piedad. Allí en el Mesoncico, precisamente donde nuestro popular lidiador Pepín Liria se crió y dio sus primeros pases de salón con una pequeña muleta
En otra época esta plazuela gozaba de extraordinario movimiento, todos los gremios la abrazaban: banco, taberna, zapatero, barbería, mercería, bazar, farmacia, cafetín, tejidos, comestibles, etc., hasta un carrico de helados junto a la casa de Don Amancio, donde ofrecía sus apetecibles productos un artesano conocido como Juan “El Tortas”, al reclamo de: "-¡qué culpa tengo yo que esté tan buena..."; (se refería a su horchata, pero siempre lo anunciaba cuando cruzaba la calle una linda zagala en flor).

El Mesoncico con varios puestos -entre ellos el carrico de helados-
Es el lugar de la prolífica familia Motolite (pasteleros, epíteto mudéjar), que en el siglo XVI, por petición del Concejo de Totana, una rama se desplazó a la primera pastelería de Cehegín. Igualmente, esta estirpe aparece en la ciudad de Bullas en el siglo XVII como promotores de un retablo de su iglesia.
Hasta se creó un aparcamiento vigilado por un anciano del Hospital. Investido con una gorra de autoridad; aquel vejete procuraba que los donativos apagaran su sed: “-Piñero, sírveme un vino que tengo sed ...-” y el popular barman con su proverbial sentido del humor le espetaba: -"Sebas, auto vendío..., auto bebío..".-
Cierta vez, estacionó en la Placeta un conocido viajante conduciendo su flamante Biscuter. Al regresó de toda una mañana de duro trabajo por los comercios, sufrió un pasmo al no ver su idolatrado automóvil e inmediatamente se personó en el cuerpo de guardia a denunciar el extravío. Cuál fue su sorpresa al regresar en compañía de la autoridad, pues estaba allí el minicoche, -¿qué sucedió...? -sólo que los agudos parroquianos del Mesoncico, con sorprendente ingravidez, habían introducido el cochecito en el portal de Don Amancio Marín, reintegrándolo, en el lapsus de la denuncia, de nuevo al aparcamiento.
Así mismo junto a los pies de la escalinata del Paseo se celebró el I Certamen Nacional de Bandas de Música en Semana Santa.

Jurado Certamen Bandas entrega el 1º premio.
Los días previos a las Fiestas se abrían zapaterías provisionales ubicadas en algunas cocheras de las casonas señoriales de la placeta. Era tradición que todo ceheginero estrenara traje y zapatos el Día de la Patrona. 
Al amparo de las austeras fachadas iniciaba la banda de música todos los cortejos: cuestación, procesión, corridas de toros, etc... En el entrañable Hospital de la Real Piedad pernoctaba el orador sagrado de las funciones religiosas (el Predicador) y cada mañana era recogido por la banda de música, escoltándole al son de alegres marchas hasta la Iglesia de la Magdalena.

Banda Municipal de Cehegín (esperando al predicador).
En el Mesoncico se celebraba el primer descanso de la procesión cantando los populares ‘Villancicos’ a la Virgen. Paco el Dulce, Adolfo Peñalver, Antonio Zarco y otros cantantes como el gran tenor Garmendia, acompañados de cinco o seis músicos de la banda entonaban algo así: “Estrella refulgente que desde el cielo brillas... - /... madre, madre, maravillosa, madre sin igual.../ nuestras almas se merecen un tremendo castigo,/ mas estando siempre contigo, nadie puede peligrar...”

Retablo florar en la Barandica.
Y don Darío  (el Notario), acicalaba la fachada de su casa, frente a la tríptica farola de la Barandica de Emilio de Marco, con un retablo de olorosas flores donde se entronizaba una bellísima copia de la Soberana Ceheginera para lucimiento y Maravilla del singular cortejo procesional.
Aquí en ocasiones, también reina un distendido silencio, privilegio para el visitante que, como tantos otros, se marcha sin poder resistir la tentación de volver nostálgicamente la cabeza ante uno de los rincones más recoletos y bellos de la región.

El Mesoncico -Nocturno-
Y es que ¡han sucedido tantas cosas en aquella entrañable Plazuela del Mesoncico!

Antonio González Noguerol 
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