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miércoles, 3 de junio de 2015

CLASES SOCIALES Y BAROJA

LAS CLASES SOCIALES Y BAROJA.

Es evidente que desde que se configuró este planeta llamado ‘La Tierra’, el poder siempre estuvo con el más fuerte, («el pez gordo se come a chico»).
En principio el poder se manifestaba con la fuerza bruta, es decir, quien tenía más arrojo y más resistencia ganaba la partida y obtenía ese liderazgo. Muchos años después, ya sabemos como siguió el establecimiento de los poderes –clase alta, media y baja-, desde entonces la clase alta intenta mantener su poder, privilegios y riquezas; la clase media aspira a irrumpir en la élite de la sociedad, y se alía con quien sea para obtener sus propósitos, promete a los de abajo lo que no puede cumplir y adula a los de arriba para poder dar el salto y aliarse para seguir oprimiendo a los de abajo. 
Pese a todos los cambios sociales producidos a lo largo de la Historia, incluidas las revoluciones, la única clase social que nunca ha obtenido sus objetivos es la clase baja.  ¿Resignación…?


Ni siquiera la famosa división de poderes de Montesquieu ha sido capaz de sostenerse: se ha legislado para los poderosos, se ha gobernado para la clase alta y se ha juzgado con las leyes dictadas por el Poder. Así mismo, el llamado "Cuarto poder", que debiera ser la esperanza de los débiles, parece ciertamente 'contaminado' a pesar de algunos gestos loables.
Bien es cierto que gracias a la lucha de clases, se han obtenido ciertas concesiones a costa del trabajo y en algunas ocasiones a sangre y fuego, de ahí se produce el bienestar social que hoy gozan algunos sectores de la llamada 'sociedad de consumo' que ya lo explica su título: "Hay que consumir para obtener faena y comodidad".
En esa dicotomía entre las empresas y los trabajadores, ambos debieran deducir que están condenados a entenderse, nunca podrán florecer separados, por ende, los dos estamentos deberán respetarse y como un sufrido matrimonio apuntalar el edificio común.
Una vez conseguida la paz social, la que tanto progreso ha traído a otros pueblos, en nuestro país, sin embargo, es cuando ha aflorado la tradicional “picaresca española”, perpetrada por los verdaderos responsables: los grandes corruptores en complicidad de los corruptos de siempre. Que no son precisamente los mejor preparados.
Es célebre aquella tertulia del 13 de mayo de 1904 cuando Pío Baroja sorprendió a todos los presentes. Se estaba hablando de los españoles y de sus distintas clases, el novelista vasco se dejó caer con estas palabras: "La verdad es que en España hay siete clases de españoles, sí, como los siete pecados capitales. A saber: 1º. Los que no saben; 2º. Los que no quieren saber; 3º. Los que odian el saber; 4º. Los que sufren por no saber; 5º. Los que aparentan que saben; 6º. Los que triunfan sin saber, y 7º. Los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos políticos y a veces hasta intelectuales".


No sería mala idea analizar minuciosamente estas reflexiones de don Pío, ante tantas promesas incumplidas y falsas teorías económicas que nos han querido inculcar a lo largo de la historia. Y es que definitivamente seguimos influenciados por la maquiavélica frase del Príncipe de Salina en el Gatopardo: "Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie".
 ¿Me explico?...

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