Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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miércoles, 27 de mayo de 2020

LA MASONERÍA EN EL NOROESTE DE MURCIA

LA MASONERÍA EN EL NOROESTE DE MURCIA.



Aunque la Masonería se implanta en España con la creación de la Logia Cuatro Flores de Lis o la Matritense en 1728, con el apoyo y reconocimiento de la Gran Logia de Inglaterra y a iniciativa del propio Gran Maestre el Duque de Wharton, no es hasta el reinado de José Bonaparte que a las logias intermitentes bajo dependencia inglesa del siglo XVIII, se les suma la creación de la Gran Nacional, considerada por los historiadores como la primera logia de Obediencia española, pese a su gran influencia francesa.
Las primeras noticias sobre masones murcianos o de otros lugares, pero residentes en la región, se remontan a los años iniciales del siglo XIX. su existencia abarcó del mes de Agosto de 1801 hasta abril de 1802. Algunos oficiales pertenecientes al departamento naval de Cartagena debieron pertenecer a dicha Logia.
Entre 1820 y 1823 se contó en Cartagena con 3 Logias:  “Coliseo Constitucional”, “Jóvenes cartageneros” y “Los virtuosos descamisados”. En Murcia capital hubieron 2 logias más, así como en Cehegin, Totana, Alcantarilla, Caravaca, Mula y Lorca.
Es con la revolución de 1868 donde se favorece la aprobación de una serie de derechos, entre ellos el de reunión para fines lícitos. Al abrigo de esta nueva legalidad, se inicia de manera paulatina la implantación en toda la provincia de los ideales masónicos, que se verán favorecidos por la llegada al poder de los liberales, bajo la presidencia de Mateo Sagasta en 1881.
No hay mucha información ni consta tampoco excesiva documentación sobre el tema de las logias masónicas en nuestra comarca, solo alguna leyenda y ciertos datos que nos ofrece el archivero municipal de Cehegín confirmando la existencia documentada de una Logia masónica en Cehegín. Lo que no se sabe, al menos desde nuestras investigaciones, es donde se ubicó dicha Logia, es de suponer que estaría cerca de nuestra calle Mayor, en alguna de las calles perpendiculares, y seguramente por su reconocido carácter hermético.
Parece que fue durante el último cuarto del siglo XIX y principios del siglo XX, con el título de ‘Nueva Begastri 68’, pertenecía a la Orden GOE (Gran Oriente Español). En aquella época floreció la masonería en la Región de Murcia, sobre todo a partir del año 1868. 


Los pueblos vecinos también contaron con sociedades masónicas, como la ‘Logia Luz del Cenit’ en Caravaca y la ‘Logia Benamor 69’ en Moratalla. Como reconoce nuestro amigo, archivero y cronista oficial F. Jesús Hidalgo, es realmente complicado investigar este tema por la dificultad para acceder a las fuentes documentales del siglo XIX, por el secretismo de estas logias. No obstante hay rigurosos trabajos de la investigación histórica, a nivel nacional y regional de autores como José Antonio Ayala, en “Sociología de la masonería de la Región de Murcia”, o José Antonio Ferrer Benimeli, con “Implantación de logias y distribución geográfico-histórica de la masonería española”, entre otros, donde hay relaciones de todas las logias conocidas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, figurando la de ‘Nueva Begastri 69’, en Cehegín. 
En la actualidad la Masonería sigue en activo, aunque sin la censura de épocas pasadas. Algunas personalidades cehegineras, que no viene al caso citar, detentan cargos importantes en estas sociedades. 


Lo que sí existen son algunas leyendas como esta historia que voy a relatar. Agoniza el Antiguo Régimen y también el reinado de Carlos III. La Ilustración se encuentra en su momento cimero, pero también el más convulso. Llegan desde Francia los primeros ecos de la Revolución en ciernes, mientras la sociedad española duerme todavía su siesta permanente. 
Y aquí, en nuestro viejo Cehegín, como en cualquier lugar de España, tiene lugar la resistencia a ultranza de aquellos días que se resisten a desaparecer, frente al Nuevo Régimen que pugna por abrirse paso, abanderado de los nacientes mitos o lemas del siglo inminente: Libertad, Igualdad, Fraternidad. 
Y es allí en la "república" del Mesoncico que nos vio nacer, adonde llega un atardecer de abril, un misterioso caballero de porte noble, traje negro con sombrero de ala ancha y capa larga, botines sin espuela, montado en yegua árabe, de pelaje ruano. 


Martín el Repechao, conserje del mesón del lugar, le da hospedaje y cena sobria. Con las primeras luces matutinas, el caballero sale raudo de la fonda, dirigiéndose hacia el paseo de la Concepción; el mesonero le sigue con la mirada, pensando que va a la "misa de ánimas". Nada más erróneo, el hidalgo recorre sorprendido la hermosa balaustrada admirando las feraces vistas que le ofrece la alborada. Es entonces cuando observa a dos señoras que caminan raudas hacia la ermita, una de ellas, una hermosa dama ataviada con velo oscuro de blonda y elegante vestido del mismo tono, que acude, como cada día, a misa, acompañada de su sirvienta. Ella cruza su indiscreta mirada con el gentilhombre que observa unos imprudentes ojos escondidos entre velos. El caballero saluda galante, quitándose su chambergo negro y no puede reprimir seguir, con descarada contemplación, el caminar elegante y garboso de la mujer… Y prosigue su ronda por las calles cehegineras. Se detiene en una taberna de la plaza del castillo a repostarse una copa de vino y pregunta al cantinero: “¿Dónde se encuentra la tertulia de los señores principales de este lugar…?” –el displicente tabernero se encoge de hombros y replica: -“Como no sea en la rebotica de don Juan Morales”- y le indica hacia la calle Mayor. Allí se dirige el caballero en busca del boticario don Juan, quien le invita a  entrar en la rebotica y pregunta: -“¿Qué puedo hacer por usted…?”- “Mire me llamo Adolfo Martínez de la Fuente, y represento a la Gran Logia de Murcia, como sabe, se avecinan nuevos tiempos y muchos cambios en la sociedad y vengo con la  aspiración de fundar por estos pueblos varias logias masónicas…, y deseo conectar con los prebostes de cada pueblo para organizarnos…”-
 Lo que ignora Adolfo es que la señora que se dirigía a misa, es la esposa de este joven boticario, la cual entra en ese momento en la rebotica y queda ruborizada con la presencia del caballero.


 Entre ellos se cruza de nuevo una mirada de complicidad y de atracción inexcusable. Y es que la discreta señora había recogido esa extraña flecha de Cupido en aquella hermosa mañana de primavera. Las futuras logias quedaban eclipsadas por los latidos imparables del corazón enamorado. Lo cierto es que se fundó una logia en Cehegín y el boticario, inspirado por su esposa, fue el primer maestro. Ignoramos en qué quedó aquel certero arrebato amoroso...  

Fuentes: Archivo Municipal; Masones de Murcia; Logia Moriá 143, y la tradición oral.

 
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