Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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sábado, 11 de abril de 2015

La Higuera

La higuera del tío Familias

"Y tal vez, a la noche, / Cuando  el viento abanique su copa,
Embriagada de gozo le cuente: -¡Hoy a mí me dijeron hermosa!"
(Juana de Ibarbourou -La higuera-)

Los restos de la centenaria higuera.
Fue el símbolo del ubérrimo paraje de El Arrón, centenaria, fértil, admiración de paseantes, acogedor techo contra chaparrones, hogar seguro de los pajaruelos..., allí, a la vera del Camino Verde, por la antigua Senda del Tamaringo, agoniza hoy la higuera del tío Familia.
¡Menudas brevas brotaban de sus descomunales ramalones!

El Camino Verde del Arrón (Años 50).
Cuando las cerezas, frutos efímeros, desaparecen del postrero paisaje primaveral y los sonrojados albaricoques búlidas y las peras sanjuaneras, dan luz y color al entorno, los viandantes del Camino Verde, siempre comentaban admirados: – “¡Ha ‘echao’ brevas como ‘pucheros’, la higuera del tío Familia!..”.

Brevas en pleno sazón.
Después de una mañana de faena, en el punto del merecido respiro, los jornaleros buscaban donde echar un pitillo y allí les esperaba la socorrida sombra del árbol ‘familiar’. Muchas siestas de verano, quién sabe cuántos perderían la inocencia al amparo de aquellos desmesurados ramalones.
El tío Familia recibió este apelativo residiendo en la Tría, ladera oriental del Casco Antiguo ceheginero. Desde aquella atalaya, a la sazón casi despoblada, además de la esplendorosa alborada, se divisaba su antañona huerta presidida por las ancestrales enramadas del sicómoro brevero.


La higuera que quiere renacer.

Por los claros días de junio, igual que las zagalas en flor, la higuera se iba tiñendo de hermosura y sus refulgentes brevas, como oscuras gemas babilónicas, se ofrecían tentadoras a los andarines.
Pero el veterano agricultor no estaba de acuerdo con esa cita que dogmatiza: “La higuera es un árbol bíblico”, y por ende sus frutos son considerados de todos los hijos de Eva, -según los salteadores de huertos que todavía pululan por las vegas de nuestras sedientas riberas-, y así certifican: -“... de río a río, todo cuanto veo es mío.”-
 Por ello, el viejo labrador acostumbraba a vigilar el tentador árbol, observando a menudo que ávidos intrusos saboreaban sin moderación sus exquisitos frutos. Montado en cólera les llamaba la atención gritando a viva voz: -“¡¡Eh, FAMILIA, que eso tiene amo...!!”-

La higuera solitaria frente al parque.
Desde entonces los vecinos comenzaron a denominarle de esta suerte: Ya está “el Tío Familia” con su tribulaciones…

Pues sí queridos amigos, a la higuera centenaria, como cita el poeta de aquel ‘olmo viejo’:  “…con las lluvias de abril y el sol de mayo…”, los postreros brotes le han renacido, sin cuidados y sin mimo, yerma y abandonada, milagrosamente, unas ramas han reverdecido…; allí junto al encantador Parque de Jinés el Ciego, podemos encontrarla, y si nadie lo remedia, pronto dará los últimos ‘suspiros’, fenecerá de languidez, si antes no la decapita alguna indiferente hacha.
Hoy, al cabo de sabe Dios cuántos años, como uno de esos abuelos incombustibles, se resiste a sucumbir al progreso, aunque el progreso la tenga acorralada. Aquél fecundo huerto de frutales se ha convertido en un próspero polígono urbanístico de Cehegín, donde se ha construido un barrio de modernísimos hotelitos.


La Higuera centenaria rodeada de chalets

No estaría del todo mal que un alma sensible, alguien que amara aquella afamada higuera, se atreviera a replantar alguno de sus retoños para perpetuar su especie en esa zona verde. Al cabo de los años nuestros nietos la contemplarían fascinados, recordando a su abuelo que relataba la simple historia de un árbol donde brotaban las más hermosas brevas del contorno y que todo el mundo conocía como ‘La Higuera del Tío Familia’.

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